La fresa, conocida científicamente como Fragaria × ananassa, es un fruto rojo brillante y jugoso perteneciente a la familia de las rosáceas. Crece en climas templados y es rica en vitamina C, fibra, antioxidantes y manganeso, lo que la hace muy saludable y baja en calorías. Se consume fresca o en diversas preparaciones culinarias como jugos, mermeladas y postres. Las fresas tienen propiedades beneficiosas para la salud, como la mejora de la salud del corazón, la regulación del azúcar en la sangre y la reducción de la inflamación. Su cultivo se remonta a la antigüedad y sigue siendo popular en todo el mundo.
Las fresas son ricas en antioxidantes como la vitamina C y los polifenoles, que ayudan a neutralizar los radicales libres, reduciendo el daño celular y el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer y enfermedades cardíacas.
La alta concentración de fibra en las fresas deshidratadas favorece la salud digestiva, ayudando a prevenir el estreñimiento y mejorando la salud intestinal. Además, la fibra puede ayudar a controlar los niveles de azúcar en la sangre y reducir el colesterol.
Aunque las fresas deshidratadas son más concentradas en azúcares naturales, su contenido de fibra ayuda a regular la absorción de azúcar, previniendo picos de glucosa en sangre, lo cual es beneficioso para personas con diabetes o en riesgo de desarrollar esta enfermedad.
Los antioxidantes y la fibra presentes en las fresas deshidratadas contribuyen a mantener una buena salud cardiovascular al reducir la inflamación y mejorar los niveles de colesterol, disminuyendo así el riesgo de enfermedades cardíacas.
Los compuestos bioactivos en las fresas deshidratadas, como los polifenoles, tienen propiedades antiinflamatorias que pueden ayudar a reducir la inflamación crónica, un factor de riesgo para diversas enfermedades, incluyendo la artritis y algunas enfermedades autoinmunes.